Una vendedora de ojos cansados, con labios resecos que
piden un poco de agua, y piel trigueña que oscurece aún más bajo la intensa luz
del sol. Lleva una pequeña gorra azul, inútil para evitar la insolación. Su
pantalón guinda y chompa de rayas blancas y negras son muestras de una vida
humilde, pero no miserable. Camina con recelo, midiendo cada paso que da en la
Plaza San Martín, observando a las
familias que guardan sus momentos felices en diminutas hojas fotográficas, por
las que pagan un sol.
En el centro de la plaza los niños aguardan, con miradas
inocentes y traviesas, el descenso de las palomas. La comerciante, aún lejos de
ellos, se prepara para acercarse, pero repentinamente sus pies cambian de
dirección. Sus piernas se flexionan, como para participar en una carrera de
cien metros, pero en realidad es para huir de los serenos, que con sus casacas
teñidas con tinta azul y cruzadas con líneas de color limón, que en la noche
emiten una luz fluorescente, me recuerdan que estoy en la Plaza San Martín.
| RESTAURADA, la Plaza San Martín conserva sus ornamentos y figuras de mármol y bronce. |
La plaza pasó por diferentes transformaciones a los largo
de su historia. En 1601, una pareja de esposos, Cristóbal Sánchez y doña María
Esquivel ante acto de bondad y luego de una larga conversación, decidieron
donar a un grupo de religiosos de la Orden de San Juan de Dios el terreno con
la idea que fuese usado para el cuidado de los enfermos y personas con pocos
recursos.
En 1850, en este lugar se adaptaría la nueva estación de
ferrocarriles en Lima del mismo nombre de la congregación, San Juan de Dios,
que muestra el progreso económico de la capital, constaba de 15 locomotoras que
a toda una velocidad inimaginable para entonces viajaba uno al Callao en tan
solo 28 minutos, era una maravilla para la población, la distancia hasta la
estación principal eran de 13 kilómetros, asombrosamente en las horas
punta tenían las famosas líneas
extraordinarias, lo cual tienen una gran similitud de Lima actual que posee el
Metropolitano que son buses espaciosos que transportan de norte a sur o
viceversa, por todo Lima.
Un 27 de julio de 1921, Centenario de la Independencia del
Perú, Leguía acompañado de ministros, congresistas, magistrados, jefes
militares, diplomáticos, etc. dio paso a la inauguración tan ansiada para los
limeños, pero el ridículo apareció cuando no descendió la lona roja que tapaba
el monumento. Un intrépido Artidoro Cossio sin vergüenza salió de entre la
muchedumbre y con su vitalidad subió a la cima del monumento descubriendo la
figura de San Martín sentado en su caballo, y quedando sin cuerda por la cual
descender, pero que con ayuda de los bomberos fue rescatado.
La plaza San Martín tiene más de 90 años de historia, y fue
capaz de soportar los cambios de la naturaleza, pero también de ser siempre
reconocida por su elegancia que aún no se agota.
Alumna:
López Balandra, María Claudia.
Curso:
Redacción III. Turno: Tarde.
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